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lunes 3 de diciembre de 2007

Amigos y Golf

Pues veréis como fue la historia....

Un sábado, uno de los 52 que hay a lo largo del año, vamos uno cualquiera. Cuatro amigos, de los muchos o pocos que cada uno pueda tener, pero en este caso cuatro buenos amigos, de esos auténticos que tienes, amigos que igual no son especiales por las veces que se ven, sino por la calidad de las veces en las que se juntan.

Un día de lluvia, de esos días otoñales de nuestra querida tierra donde todo es lluvia. Y frío... pero sobre todo lluvia.

Para cualquier persona de Reinosa para abajo igual es de difícil comprensión que se reúnan unos amigos para pasar una mañana entera al aire libre lloviendo. Pero eso forma parte de nuestro carácter norteño. Ese carácter es el que nos hace no tener miedo a las inclemencias meteorológicas. Y es que lo fácil es quedarse en casa y ver llover desde la ventana. Pero si hiciéramos eso, nos perderíamos algún que otro placer que nos ofrece esta vida.

Y el golf... No sólo un deporte, sino una excusa para encontrarse y disfrutar.

Un sábado lluvioso y cuatro amigos jugando al golf.

Ese es el comienzo...

Comillas se convierte en el primer encuentro, un café, algo de conversación y una idea... Jugar al golf pase lo que pase. Y lo que pasa es la lluvia, nuestra amiga. pero a pesar de todo hemos venido a jugar y duda que nadie se niegue a intentarlo.

Y a las 10 nos llaman locos... Pero acaso se piensan que estamos cuerdos? Claro que estamos locos. Y sino a quien se le ocurre salir a jugar con ese tiempo tan maravillosamente asqueroso. ¿Todos con licencia, verdad? Por supuesto, todos con licencia, ya sabemos que sin ella no se puede salir al campo. Menudas preguntas hacen... Una mentira siempre es mentira, aunque sea de esas piadosas, pero acaso al mentiroso le importó cometer tal tropelía? Yo dirían que no.

Y sin darte cuenta en el tee del hoyo 1. Y con nervios, siempre el primer golpe es complicado, en frío, y con frío. Pero se da el golpe y allí empezó nuestra partida, con 4 golpes, que al final da igual que sean buenos o malos.

Y llovía y llovía, tanto que en el hoyo tres estábamos empapados. Pero es el 3 un hoyo fácil, dicen los maestros que el hoyo del alivio. Y vaya si nos aliviamos... unos golpeando a la derecha, otros a la izquierda y otros a la palmera. Y menudo alivio...

El 4, el 5, el 6. Espera... el 5! largo, húmedo y muy largo. Madera-playa, madera -playa. Hierro-playa. Difícil, pero divertido cuando ves que a los otros se les va la bola a la playa. Y a ti no.

Que buen golpe Martín!

Hoyo tras hoyo llegamos al 6, mi favorito. Bola por encima de los árboles. Y allí después de pasar los pinos llegan las dudas. Yo me la voy a jugar... un sand por encima de las ramas. El maestro me dice que un 3 por bajo. Al final me arriesgo al sand y aunque vuela por encima de las ramas, el golpe no sale como me hubiera gustado, y el maestro me enseña. Y yo ya sé que hacer la próxima vez.

7 y 8 y empate! El 9 decide. Como si de un desempate de gran slam se tratase, los nervios arrecian igual que esa lluvia que en ningún momento nos ha dejado de acompañar. Sale Álvaro, como siempre. Después Luis, y un golpe fantástico. Difícil de superar por Martín. Y se coloca en el tee, y ensaya el golpe, y mira la bola de Luis. Y ensaya el golpe, y mira el green que es donde quiere mandar su bola. Y ensaya... y nosotros esperamos entendiendo que la situación es difícil. Hasta a mí me entran nervios. La última vez que sentí algo similar fue en le bola que falló Sergio García en el último Brittish.

Y lanza la bola... Vuelo perfecto y baja, baja y se queda muy lejos del green. Buen golpe pero corto. Y las espadas se quedan en todo lo alto. Lo que Álvaro y yo hiciéramos se queda sin importancia, sólo importa el partido por el segundo lugar. Todo tiene que ser competición, y así debe ser. Y la competición estaba por el segundo lugar. El primero estaba adjudicado desde el 2 hoyo, y el 4 también desde el hoyo 7. Allí me quedé sin posibilidades. Así que ahora me tocaba ser testigo de excepción, y agradecí que así fuera.

Segundo golpe y green, sólo era cuestión de puntería, nervios y oficio. Y ahí ganó Luis. Por un golpe o por dos, éso es lo de menos.

Saludos, foto de rigor, felicitaciones a los tres maestros y a la casa club.

Mojados hasta los huesos no hubo segunda vuelta. Ya habíamos disfrutado y preferíamos comer.

Porque, qué sería del golf sin una buena comida?
Nada? Sería una partida de golf, pero se quedaría pobre. La comida de después consigue sacar risas y anécdotas. Nuestra filosofía desde hace muchos años es la comida y la amistad en torno a la mesa. para qué romper esa filosofía.

Y después la entrega de premios. Y no os sorprendáis que hubiera premios. En todas las grandes competiciones hay premios, y en ésta no iba a ser menos. Pero la organización estimó que aunque había una clasificación, los 4 competidores se habían merecido los mismos regalos.
No obstante, los 4 habíamos sido los campeones. Cada uno a su manera habíamos sido Grandes campeones.
Y así transcurrió esta maravillosa jornada, sólo inicio de todo lo que nos falta por vivir. Pero esa será una nueva historia que empezaremos a escribirla con la Lotería de Navidad el próximo 22 de Diciembre.
Allí estaremos y allí nos veremos...
Fuerza y Honor

martes 30 de octubre de 2007

Yo y el Golf

Muy buenas compadres.
Hace mucho que no entraba en nuestro blog, y lo veo igual de vacío que como lo dejé. No pasa nada, yo también soy un poco responsable, pero voy a intendar dar un nuevo impulso a este modo de comunicación.
Ha pasado la primavera, ha pasado el verano y ya estamos en otoño. Con el otoño se han terminado las vacaciones, el calor y muchas otras cosas, pero empiezan otras...
Como ya sabréis todos, me he unido a la fiebre del golf. Surgió de una manera inesperada, viendo el último British Open, cuando Sergio García no metió la bola en el último golpe. Un golpe que visto desde la tele parecía fácil. He hablado con mucha gente que juega y todos me dicen que me anime, todos dicen que me va a gustar y de todas las veces que me había negado a jugar, decidí probar para tener una base sólida para decir que no.
En el fondo sabía que si empezaba me iba a gustar... y parece que así es. Y digo que parece porque sólo llevo un mes. En este mes he probado a practicar mi swing con un hierro 6, con un hierro 9 y con un sand. Todo ello yendo a practicar por mi cuenta y viendo mis fallos, lo cual resulta gratificante, porque son muchos, y cualquier avance se nota una barbaridad.
Aun no sé si jugaré el próximo día 22 de diciembre aunque todo dice que pueda intentarlo.
Seguiré escribiendo sobre mis avances y mis sensaciones, pero ahora quiero poner en este blog el mail que os mandé después de la partida que jugaron Luisín y Alvaro y de la que fui testigo excepcional y protagonista ocasional. El mail decía....

"10 de la mañana, el rocio invadía el tee del hoyo 1, cuando puse mis pies por primera vez en un campo de golf. Tuvo que ser Oyambre, un campo pequeño pero precioso, y para que elegir uno más grande, si lo importante era pasar la mañana parcticando deporte entre amigos. En ningún momento quise coger el famoso hierro 5 de Luis ya que mi idea era la de aprender, observar, preguntar y hacer de caddie patoso.
Todos estos objetivos se cumplieron con creces a medida que la mañana transcurria y los hoyos quedaban atrás.
Después fue el 2... el 3, 4, y así hasta el 7, un hoyo especial, porque había que pasar la bola por encima de unos pinos. Luis quiso hacerlo entre ellos, pero mi recomendacion dio su fruto. La bola pasó por encima de los pinos en un vuelo perfecto. Y después el 8 y seguidamente el 9 y allí vimos el golpe, un par 3 en el que alvaro nos regaló un birdie majestuoso, con un primer golpe que llenó el tee de abrazos y felicitaciones.
Y yo seguía observado, aprendiendo y preguntando. Solo ver a Luis con la satisfacción de una primera vuelta maravillosa, con 3 par en 9 hoyos e igualado al Nin valió la pena. Pero no sé si estaba más contento Luis por el recorrido o Alvaro por el placer de verle tan contento. Y es que el golf es competición, pero es más camaradería. La segunda vuelta fue menos emocionante, pero igual de intensa. Alvaro sacó su juego y hasta el drive poderoso del hoyo 6 le dejó otro golpe espectacular. Y Luis con el sabor de la primera vuelta se dejó llevar sabiendo que su trabajo ya había terminado.
Pero de todos los hoyos me quedo con el 3, allí gracias a mis compañeros cogí por primera vez un palo y jugué un hoyo. El resultado es lo de menos, los golpes buenos o malos no tienen ninguna importancia, la cuestión es que duante 10 minutos fui jugador de golf. Y ese hoyo solo fue el primero de los muchos que vendrán a partir de ahora.El otro día no jugué al golf, el otro día recibí la mejor clase práctica que ningún profesor podría haberme dado, y ello gracias a Alvaro y a Luis. a vosotros os debo que este deporte me haya gustado.
Os quiero

Tomás

PD: Ese día 22 estaré el primero en Oyambre para disfrutar otra mañana entre amigos, pero no tengo ninguna intención de jugar, sólo seguiré aprendiendo, observando, preguntando. Y si alguno de los 4 me lo permite estaré encantado en llevarle los palos y ser su caddie. No hay ninguna prisa por empezar, el golf es eterno.Hoy recibiré mi segunda clase práctica, pero ahora es todo mucho más fácil"

Eso es todo... por ahora